Familias endeudadas seis de cada diez inquilinos usan crédito o ahorros para pagar el alquiler
El 57,6% de los hogares inquilinos recurrió en 2025 a endeudamiento o desahorro para cubrir sus gastos, según un informe de la Fundación Tejido Urbano. El dato confirma una tendencia en alza desde 2022 y refleja el peso creciente del alquiler en economías familiares cada vez más ajustadas.
El fenómeno expone algo más que una suba de costos. Muestra un cambio en las estrategias de subsistencia. Donde antes predominaban los ahorros o la ayuda informal, ahora gana terreno el crédito bancario para sostener gastos básicos, entre ellos la vivienda. En ese proceso, el alquiler dejó de ser una variable flexible: las familias ya ajustaron superficie, ubicación y calidad, y hoy lo tratan como un gasto fijo que ordena el resto del presupuesto.
El uso de financiamiento creció con fuerza en los últimos años. Mientras el desahorro alcanzó su pico en 2024 y luego bajó levemente, el endeudamiento, sobre todo en el sistema financiero, siguió en alza. El crédito bancario pasó de representar el 10,6% en 2022 al 18,1% en 2025 , lo que confirma un giro estructural en la forma de afrontar el alquiler.
Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano, advirtió sobre los riesgos de este esquema. «Cuando el alquiler se financia con crédito, dejamos de hablar de un problema habitacional para hablar de una espiral de insolvencia», señaló. La diferencia no es menor: a diferencia de otros gastos, la deuda con bancos no admite postergaciones sin penalidades, lo que obliga a recortar en rubros esenciales como alimentación, salud o educación.
El impacto excede lo económico. La combinación de alquiler elevado y deuda genera más horas de trabajo, deterioro en las condiciones de vida y mayor vulnerabilidad. Desde el sector de inquilinos, la lectura es directa. Gervasio Muñoz, de la Federación de Inquilinos Nacional, sostuvo que «cuando se financia con deuda, quiere decir que queda poco tiempo en el mismo techo», en referencia a situaciones que terminan en mudanzas forzadas o regreso a viviendas familiares.
En la misma línea, Katy Chiappa, de la Asociación Platense de Inquilinos, afirmó que más del 60% de las familias recurre a endeudarse para pagar la vivienda. Además, advirtió que el costo de ingreso a un alquiler puede rondar los $2 millones y definió el fenómeno como «auto desalojo», una dinámica en la que la deuda termina expulsando a los inquilinos del sistema formal.
El problema se profundiza al cruzar ingresos y gastos. Un salario de $900.000 con un alquiler de $400.000 deja un margen muy estrecho para cubrir el resto de las necesidades. Con una canasta básica cercana a los $452.000, cualquier imprevisto puede empujar a un hogar a la pobreza . Esta tensión afecta sobre todo a los sectores medios y medios bajos, que concentran más de ocho de cada diez inquilinos.
En los grandes centros urbanos, la presión es aún mayor. En el AMBA y la Ciudad de Buenos Aires, más del 60% de los hogares alquilados recurre a estrategias financieras para sostener su economía diaria, con un uso creciente tanto de ahorros como de crédito. Allí, el costo del alquiler redefine incluso la estructura social, al mantener a familias con empleo en una situación permanente de ajuste.
Según estimaciones de la Fundación Tejido Urbano, si se incorporara el gasto en alquiler a la medición de pobreza en la Ciudad, los niveles de pobreza e indigencia prácticamente se duplicarían. El dato ilustra hasta qué punto la vivienda se volvió un factor determinante en la fragilidad económica.
El aumento del endeudamiento no aparece como un fenómeno aislado. Responde a un desacople persistente entre ingresos y costo de vida, con el alquiler como principal foco de presión. Mientras algunos especialistas plantean la necesidad de reformas estructurales y mejoras en el acceso al crédito, organizaciones de inquilinos reclaman regulaciones de precios, emergencia habitacional y créditos hipotecarios accesibles.
En ese escenario, el alquiler dejó de ser solo un gasto mensual. Pasó a convertirse en el eje que define las decisiones económicas de millones de hogares, con consecuencias que se extienden mucho más allá del techo.












