A 29 años del atentado a la embajada, nada se sabe de lo sucedido
Pese al tiempo transcurrido desde el 17 de marzo de 1992, nunca hubo un detenido ni siquiera un sospechoso de haber participado en el atentado.
Dada la situación epidemiológica, la Embajada de Israel realizó un homenaje virtual a las víctimas del atentado cometido en 1992 contra esa entidad, al cumplirse 29 años del ataque terrorista que dejó 22 muertos y 242 heridos.
El acto comenzó con el sonido de una sirena a las 14.50, hora exacta en la que el 17 de marzo de 1992 ocurrió el atentado terrorista, y de él participaron la embajadora de Israel en la Argentina, Galit Ronen; el canciller Felipe Solá y el sobreviviente Alberto Romanos.
COMO EN LA AMIA
La modalidad del atentado fue la misma que tiempo después se usó para hacer volar la AMIA: la compra de una camioneta con documento falso, el armado del vehículo en un lugar desconocido, luego se dejaron la Ford (Embajada) y la Trafic (AMIA) en un estacionamiento cercano al objetivo; alguien retiró los vehículos unos minutos antes de los atentados y manejó las pocas cuadras hasta el lugar de la explosión.
Está claro que en AMIA hubo un suicida, en la Embajada no se sabe. Con base en informes de inteligencia, la Corte procedió a imputar a Irán por el ataque, aunque nunca hubo ninguna evidencia judicial: por ejemplo, no se sabe dónde se armó la camioneta bomba, si alguien entró o no al país, si existió una conexión brasileña del atentado o quién proveyó los explosivos plásticos que se usaron.
¿Y LA CONEXIÓN LOCAL?
En suma, se desconoce todo lo relativo con la conexión local y, por supuesto, eso cortó la posibilidad de aportar pruebas que permitan conectar a los autores materiales –que no se sabe quiénes fueron– con el supuesto organizador internacional.
El único imputado fue el jefe de operaciones militares de la organización libanesa Hezbollah, pro iraní, Imad Mughniyeh, quién murió en un atentado atribuido a Israel en 2008, en Damasco, Siria. La versión es que le pusieron una bomba en el auto.
EL ESTIGMA ARGENTINO
En representación del Estado de Israel, la embajadora Galit Ronen ofreció ayer un mensaje, en el que remarcó el deber colectivo de recordar a las víctimas y de pedir justicia. ‘Tenemos que decir la verdad. Un atentado terrorista no llega desde el cielo (hay) gente que lo inicia, que lo planea, que lo financia y al final hay gente que lo lleva a cabo‘, sostuvo Ronen, al tiempo que agregó que ‘este atentado tiene un nombre y un apellido. El nombre es Hezbollah y el apellido es Irán‘.
Acto seguido, el canciller Solá, en nombre del Estado argentino, expresó el ‘compromiso‘ de la administración del Alberto Fernández en el ‘esclarecimiento de la causa y en la búsqueda de castigo a los culpables‘.
‘El 17 de marzo de 1992 fue un día aciago para la República Argentina, para el Estado de Israel y para el mundo’. El ministro resaltó que tanto el atentado a la embajada de Israel, como a la sede de la AMIA, el 18 de julio de 1994, ‘son dos de las deudas y los dolores más fuertes que tiene el Estado argentino’.












