El legado de Luis Puenzo, el primer director argentino en obtener un Oscar
El fallecimiento de Luis Puenzo, ocurrido ayer a sus 80 años, cierra una de las etapas más brillantes y complejas del cine argentino. Su legado, sin embargo, sigue vivo: fue el hombre que llevó por primera vez la estatuilla dorada de los Premios Oscar a Buenos Aires, el artífice de una ley que profesionalizó la industria y un mentor silencioso para nuevas generaciones.
Nacido en 1946, Puenzo comenzó su carrera en el mundo de la publicidad, primero como dibujante y luego como redactor creativo. Esa escuela de concisión y eficacia narrativa marcaría su estilo cinematográfico: una precisión quirúrgica para contar historias de gran carga emocional y política.
Su salto al largometraje llegó en 1973 con Luces de mis zapatos, una película infantil que poco anticipaba la potencia crítica que desarrollaría más tarde.
Pero fue en 1985 cuando su nombre se inscribió para siempre en la historia. La historia oficial, coescrita con Aída Bortnik, se atrevió a mirar de frente la herida abierta de la dictadura: el robo de bebés y la apropiación de identidades.
En plena recuperación democrática, la película no solo conmovió al país, sino que conquistó al mundo. El 24 de marzo de 1986, a diez años del día en que se produjo el último golpe militar en la Argentina, obtuvo el Oscar a la Mejor Película Extranjera, el primero para Argentina, además del Globo de Oro y el Premio del Jurado en Cannes. La escena de Norma Aleandro buscando a su nieta se volvió un ícono de memoria y justicia.
Ese éxito le abrió las puertas de Hollywood, pero Puenzo nunca dejó de ser un director argentino. Dirigió a Gregory Peck y Jane Fonda en Gringo viejo (1989), adaptó a Camus con William Hurt y Robert Duvall en La peste (1992), y más tarde rodó La puta y la ballena (2004), siempre con una mirada que ponía la complejidad humana por delante del espectáculo.
Sin embargo, su legado no se limita a las películas. Puenzo fue uno de los padres de la Ley de Cine 24.377 de 1994, que creó el INCAA como ente autárquico y estableció un sistema de financiamiento que impulsó la producción nacional durante décadas. También presidió el Instituto entre 2019 y 2022, y fue miembro fundador de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina.
Su influencia se extiende además a través de la sangre y el oficio: su hija, Lucía Puenzo, siguió sus pasos y se convirtió en una destacada directora y guionista. «Más allá de su rol como autor y realizador, Puenzo tuvo participación activa en la política audiovisual», recordó Argentores, la sociedad de autores que lo despidió con un emotivo mensaje.












